En un mundo en el que todo se puntúa, se evalúa y se examina, aparecen Arno Stern y, después, su hijo André.
Voy a intentar ir al grano, aunque os aseguro que me va a resultar MUY DIFÍCIL no extenderme. Al final os dejaré algunos enlaces para quienes queráis ampliar información.
Primero: lo que tienen en común:
Un respeto profundo por la infancia y la confianza en que una niña o un niño no necesita ser constantemente corregido, dirigido o moldeado.
Arno Stern: pintar sin tonterías
Después de la Segunda Guerra Mundial, Arno Stern comenzó a trabajar con niños huérfanos cerca de París. Les dio papel, pinceles y pintura y, como de observación iba sobrado, enseguida se dio cuenta del placer que les producía pintar.
A partir de esa experiencia desarrolló su teoría de la Formulación: al observar dibujos de culturas muy distintas (incluso remotas), vio que ciertos trazos y formas aparecían espontáneamente y se repetían con independencia del lugar o la educación recibida.
Así pues creó en París el Closlieu, un espacio que todavía existe (aunque él murió en el 2024), donde pintar es un juego, no una clase de arte.

Sin modelos
NI TEMAS IMPUESTOS

Sin pensar
EN CREAR UNA OBRA PARA ENSEÑAR

Sin correcciones
NI INTERPRETACIONES, NI JUICIOS
El adulto no enseña ni intenta descubrir significados psicológicos.
Su función consiste en preparar los materiales, resolver las cuestiones prácticas y proteger el espacio para que quien pinta pueda dedicarse únicamente a crear.
André Stern: dejar en paz a los demás
Arno formó una familia siguiendo una idea parecida: sus hijos nunca fueron al colegio.
Lo sé:
¡Directos a servicios sociales!
¡Casas en llamas!
¡Terremotos!
Pues… no, no ocurrió nada de eso.
Tuvieron tiempo, apoyo, herramientas y acceso al mundo para investigar aquello que despertaba su curiosidad.
Y de ahí sale André. Un hombre por el que ya he montando un altar, por si algún día funda una religión.
Su filosofía parte de una idea sencilla: el entusiasmo es el verdadero motor del aprendizaje.
Cuando algo nos interesa de verdad, prestamos atención, investigamos, repetimos y aprendemos sin necesitar premios ni exámenes. Para André, jugar y aprender no son actividades separadas.
LO MÁS IMPORTANTE DE SU MENSAJE:
una niña o un niño no son seres humanos incompletos a los que debamos perfeccionar… ya son personas completas, con intereses, capacidades y ritmos propios.
El papel del adulto no es dirigir constantemente, sino ofrecer confianza, seguridad, tiempo y acceso al mundo.
Sé que, de primeras, genera dudas, te pondré un ejemplo (muy) rápido:
Imaginemos que a Roberto le apasionan las plantas.
Ese interés puede llevarle a observarlas, cuidarlas, aprender sus nombres y querer entender cómo crecen. Para seguir investigando, se acercará de forma natural a la lectura, la biología, la química o la geografía.
Una curiosidad concreta puede abrir la puerta a muchos aprendizajes, sin que Roberto los viva como materias separadas ni como una obligación.
A la cárcel





